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Educando a los hijos en un entorno relativista

Hace unos días, mi esposa y yo salimos a caminar juntos al parque, durante el trayecto mientras conversábamos surgió el tema de la educación de nuestros hijos; mi esposa me cuestionó sobre cuales consideraba los aspectos mas importantes dentro de su formación, poniendo especialmente énfasis las características que se destacan en nuestra sociedad actual.

Su inquietud me tomó por sorpresa y me estremeció por unos segundos, lo cual me llevó a formularme dos preguntas:

  • ¿Cuáles son las principales heridas que padece el hombre del pos-modernismo?
  • Ante la realidad actual, ¿qué virtudes son las que debemos desarrollar y fortalecer en nuestros hijos?

 Una vez que pude digerir las dos preguntas que tenía que responder a la inquietud de mi esposa, me concentré en la primera de ellas. Afortunadamente no hace mucho tiempo, pude leer un libro que describe con mucho acierto a la sociedad actual y los retos que ella enfrenta, el título es: “Modernidad líquida” de Zygmunt Bauman. (Quienes tengan oportunidad de leerlo, se los recomiendo.)

Sin intentar hacerle a mi esposa una reseña del libro, le expuse una conclusión personal a manera de síntesis, sobre lo que la mayoría de los miembros que conforman nuestra sociedad, en especial los más jóvenes, están experimentando en sus personas.

  • Hay dos heridas muy graves que tiene el hombre pos-moderno; la voluntad y su capacidad para distinguir la verdad.

Primero le compartí una definición sobre lo que es la voluntad:

“La voluntad es la capacidad que tiene el hombre para “moverse” y alcanzar “el bien” que desea.

La voluntad busca siempre un bien que ha sido pensado y presentado a ella anteriormente por la inteligencia. La voluntad se mueve para alcanzar la felicidad que la inteligencia piensa que le dará tener el bien deseado.”

En el caso del hombre pos-moderno; la herida en su voluntad se manifiesta en la ausencia de resiliencia, este hombre se ha acostumbrado a satisfacer sus deseos de forma rápida, casi inmediata; no está acostumbrado postergar esos deseos, con la finalidad de alcanzar un bien mayor; le cuesta mucho fijar metas a largo plazo, donde la satisfacción se podrá experimentar hasta que se haya logrado la meta.

Por tanto, en buena medida, el hombre contemporáneo en muchos casos se ha convertido en esclavo de sus pasiones.

Posteriormente le compartí una definición de inteligencia:

“La inteligencia es la capacidad que tiene el hombre para pensar, para buscar y hallar la verdad a través de la mente y la razón. Gracias a esta capacidad, el hombre puede entender y aprender, imaginar y memorizar, puede hacer grandes descubrimientos e inventar cosas maravillosas, puede mejorar el mundo, pero lo más importante es que, gracias a su inteligencia, el hombre puede llegar a conocer la verdad.

Conocer la verdad significa que aquello que pensamos coincide con lo que realmente es o sucede.

La inteligencia nos hace capaces de conocer la verdad, pero sólo la descubriremos  si empleamos tiempo y nuestra inteligencia en ello: pensando estudiando, preguntando.

El hombre pos-moderno, ha roto sus vínculos con su historia y sus raíces, centrando toda su atención en si mismo, lo que lo ha llevado a vivir un profundo individualismo.

Por otro lado, al haber roto con su historia y raíces, ya no confía en las instituciones y de lo que ellas emanan, por tanto, para él ya no existen valores y principios solidos; sino que todo es relativo, más bien líquido.

Este relativismo ha deformado su percepción de la realidad, lo cual le impide distinguir con claridad que es verdad y que no lo es; generando en estas personas una profunda inseguridad y angustia.

Después de haberle compartido a mi esposa estas definiciones sobre voluntad e inteligencia, y de explicarle como se manifiestan las heridas en el hombre pos-moderno, nos adentramos a explorar como educar a nuestros hijos dentro de esta realidad.

  • Juntos llegamos a la conclusión que debemos educarlos y estimularlos a ejercitar su voluntad e inteligencia.

La virtud tiene que conquistarse cada día, no es algo que alcanzamos y después podemos almacenar; para conservarla la tenemos que ejercitar de forma permanente.

Continuamos conversando y juntos concluimos que lo mejor que podemos hacer para formar a nuestros hijos es educarlos a amar la verdad y a perseverar en vivir en ella ejercitando la voluntad.

¿Y como llevar esta buena intención a la práctica?

En el caso de la voluntad, nos propusimos como padres enseñarles a que se fijen pequeñas metas, darle prioridad al trabajo, terminar todo lo que inicien, aplicar en lo que hagan su mejor esfuerzo y dejar siempre hasta el final la recompensa.

Algunos medios auxiliares para formar la voluntad son:

  • Orden y disciplina: en las cosas, personales, en la escuela, en el trabajo, puntualidad…
  • Distinción y educación: vestido, formas, respeto…
  • Responsabilidad: en el desempeño de los compromisos asumidos.
  • Constancias y perseverancia.

Y para ejercitar la inteligencia, nos comprometimos a facilitarles que se descubran llamados a encontrar y amar la verdad; y para ello tienen que destinar un momento diario a cuestionarse sobre preguntas trascendentales y a buscar esas respuestas a través de la lectura e investigación.

Como padres, seremos facilitadores proponiendo una lista de títulos y autores que les permitan formarse y cultivar esa inteligencia.

“La libertad tiene un carácter dinámico y juega un papel importante en la realización de la persona. No es solo la capacidad de elegir algo ahora, sino la realización y construcción de la propia identidad personal. Por eso la libertad está en relación a tres aspectos de la persona humana: la responsabilidad, la vocación y la misión que cada uno tiene en la vida…”

pero este tema lo abordaremos en el próximo post…

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